España rompe el maleficio ante Francia.

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Los de Ribera superan a la invicta y todopoderosa selección gala y jugarán la final del Europeo de Croacia.

 

ESTADÍSTICAS DEL PARTIDO:

FRANCIA                          SEMIFINAL EUROPEO DE BALONMANO                          ESPAÑA

23                                                 GOLES MARCADOS                                                                    27  

27                                                 GOLES ENCAJADOS                                                                     23

 3                                                  GOLES DE PENALTY                                                                       7

40                                                 LANZAMIENTOS REALIZADOS                                                    3

44                                                 LANZAMIENTOS RECIBIDOS                                                     40

 6                                                   LANZAMIENTOS DE PENALTY                                                    8

  8                                                  BALONES PERDIDOS                                                                     8

  3                                                  BALONES ROBADOS                                                                      4

  3                                                  BALONES BLOQUEADOS                                                              2

 

 

Para jugar contra Francia lo primero es sacudirse la historia, los fantasmas, las previas, las estadísticas y lo que pudo ser y no fue. Lo segundo, impregnar al juego la misma intensidad y dureza tanto en defensa como en ataque que la que desprende la selección gala, siempre dispuesta a una carga más y un lanzamiento exterior sin demasiado pensamiento previo. Y lo tercero, sobre todo, creérselo, salir convencido de que se puede. Y esa fe impulsó a España a la victoria. Un partido sólido, convincente y lleno de ilusión, que fue superior a la francesa. España se jugará el oro el domingo en el Europeo de Croacia tras una victoria de clase y fe.

En la reciente historia que han escrito estas selecciones, Francia ha sido en los últimos años ese monstruo que deja sin finales felices al protagonista del cuento. En los Juegos de Londres 2012, un gol en el último segundo de William Accambray, y sobre la línea, sacó a España del camino de las medallas. En el Europeo de Dinamarca 2014, la derrota impidió luchar por el oro y se ganó el premio menor del bronce;en el Mundial de Qatar 2015 se peleó tanto contra los galos en semifinales que perder también llevó a caer en la final de consolación contra Polonia. Tres partidos que siguen muy vivos en la mente del grueso del equipo español, tan dolorosas por el cómo se recibieron y por el qué se escurrió entre los dedos.

Ayer se rompio el maleficio con un hechizo encantador que se fraguó en una defensa tan solidaria como siempre y un ataque más efectivo que nunca. En esta España en la que los rostros nuevos se han acoplado a la perfección, no hubo resquicio alguno ni en los brazos ni en la fe. Sobresalió el novato Ferrán Solé, que asumió la responsabilidad de los goles desde el exterior y desde los siete metros. También Eduardo Gurbindo, elevándose sin miedo ante las torres francesas. O Arpad Sterbik, repescado de última hora por la baja de Gonzalo Pérez de Vargas, que volvió a mostrar poderío con su sola presencia a los lanzadores de penaltis franceses. Pero como siempre que gana España, lo hace en conjunto, con un trabajo coletivo que pasa por definir cada uno su lugar, pero apoyarse en el hombro del de al lado para impulsarse hacia arriba.

A los de Didier Dinart, no obstante, les costó encontrar fisuras, huecos, posibilidades, ser ellos, los campeones de todo. Aunque se encargó de demostrar que es la campeona del mundo, seis veces campeona de Europa y dos olímpica imprimiendo algo más de nivel cuando vieron que España se iba en el marcador. Con una potencia física ejemplarizada en Nikola Karabatic, no encontraron sin embargo resultados en los lanzamientos desde el exterior, pero sí en un pivote solemnte y contundente como Sorhaindo. Él fue quien mantuvo a Francia con los nervios templados a pesar de ir abajo en el marcador.

NUEVE   GOLES

Pero España había introducido ya las dudas en los brazos de los galos, que se encontraron cada vez más incómodos conforme pasaban los minutos y encajaban más goles. También ellos notaron la presión y la sensación de que quizá esta vez sí, España era superior en todo. Su defensa 6:0 no fue suficiente para la convicción española ni los lanzamientos de Raúl Entrerríos o Balaguer, ni lo fue su ataque, solo efectivo con el pivote porque el trabajo defensivo fue extraordinario.

Dinart negaba con la cabeza, incapaz de entender ni desentrañar por qué esta vez España no se empequeñecía ante sus hombres ni sus labores ofensivas. Tan ofuscados que hasta Karabatic comenzó a intentar sacar del partido a los españoles con gestos, faltas inexistentes, quejas y gritos. Signos claros de impotencia que se alargaron conforme España aumentaba la distancia en el marcador, la confianza, la convicción, su juego impecable.

En la segunda parte se unió a la fiesta la portería, con Rodrigo Corrales crecido y contagiado de la seguridad defensiva para detener los cada vez más desesperados intentos de gol franceses: desde el exterior o con jugadas de pase que no terminaban en la red. Sus paradas fueron tantos a favor, con una renta de hasta nueve goles que celebró la pequeña delegación española que se dejó notar en la grada del Arena Zagreb de la capital Croata.

SUSTO

Sin embargo, si algo ha aprendido la selección nacional de sus encuentros fatídicos contra Francia es que estos tienen siempre esa capacidad para encontrar ese mayor nivel en el momento adecuado para desgastar la moral y revertir la situación a su favor.

Esa competitividad innata los llevó a conseguir un parcial de 6-0 gracias, también, a una pequeña desconexión de los de Riberacon varias pérdidas de balón inocentes e inoportunas que volvieron a meter a Francia en el partido. Un resbalón de juego que acortó la distancia a cuatro goles y alargó la incertidumbre en los últimos diez minutos de encuentro.

Ribera pidió paciencia desde el banquillo, consciente de que había juego, ideas y brazos suficientes como para atrapar, esta vez sí, la victoria ante Francia. «Ahora vamos a por el oro», había confesado en la previa, y con esa premisa ordenó calma a los suyos. Templanza y recuperar la senda de la convicción porque esta selección gala no iba a dejar sin perdices esta vez.

A pesar de la renta de tres goles, España sufrió en los últimos tres minutos. Pesaban la tensión, la presión y el cansancio de un partido impecable desde el inicio. Pero Julen Aginagalde metió el gol de la tranquilidad, el de la distancia imposible en los últimos sesenta segundos.

España, cuarta en Serbia 2012, bronce en Dinamarca 2014 y plata en Polonia 2016 está en la final, a un solo paso del oro, ese premio que todavía no ha conquistado. Pero ha roto el maleficio francés, y el final feliz está en sus manos.

Webgrafia: http://www.abc.es/deportes/abci-francia-espana-201801261645_directo.html

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