Zhou Youguang, el lingüista que simplificó la escritura china con el sistema Pinyin.

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Su invento, que convierte los caracteres del mandarín tradicional en letras del alfabeto romano, ha revolucionado el aprendizaje del idioma y el despegue cultural.

Un hombre que vive 111 años está llamado a realizar cosas grandes, y eso es lo que le ocurrió en vida al chino Zhou Youguang. Su sencillez fue la única barrera para que siga siendo un desconocido dentro de las fronteras en las que aplicó su gran invento, el Pinyin: un sistema de escritura que simplifica los casi ilimitados caracteres chinos para convertirlos en letras del alfabeto romano y, por tanto, trasladarlos a los teclados de teléfonos y computadoras, permitir la lectura y la comunicación entre ciudadanos chinos con distintos dialectos.

Es al Pinyin a lo que debemos ahora ortografías ubicuas como Beijing, que sustituyó a la anterior Pekín; Chongqing, que reemplazó a Chungking; Mao Zedong en lugar de Mao Tse-tung, y así miles de otros ejemplos. El sistema inventado y desarrollado por Youguang fue reconocido y adoptado por Naciones Unidas en 1986.

Pero volviendo al principio de su longevidad (duración de la vida) el humor fue otra de las características de Zhou Youguang, y es que al parecer un adivino le advirtió en su juventud de que no viviría más allá de los 35 años, algo por otro lado verosímil porque era la esperanza de vida en los albores del siglo XX en China. Sin embargo,  Zhou Youguang se convirtió en un superviviente tras pasar la tuberculosis, escapar de la muerte en un bombardeo japonés que mató al hombre que caminaba a su lado y esquivar las persecuciones comunistas. Él mismo explicaba su medicina moderna para vivir tantos años: comer cuando tenía hambre y dormir cuando estaba cansado, a lo que añadía el hecho de que “Dios me ha olvidado”.

De manera oficial, Zhou Youguang se retiró a los 85 años, pero siguió escribiendo una media de un ensayo al mes. En su capacidad continua de aprendizaje y adaptación también tuvo tiempo de abrazar las nuevas tecnologías hasta el punto de ayudar a la multinacional Sharp a diseñar la primera máquina de escribir electrónica china.

Escribió al menos 10 libros después de cumplir 100 años, pero varios fueron prohibidos a medida que se volvió cada vez más enérgico en sus críticas al comunismo, hasta concluir que ya tenía poco que perder. En 2011 aseguró en una entrevista que esperaba vivir el tiempo suficiente para ver a las autoridades chinas admitir que la sangrienta represión de las protestas en favor de la democracia de la plaza de Tiananmen en 1989 había sido un error. “La historia nos engañó”, respondió en otra ocasión al ser preguntado sobre su decisión de regresar a China en 1949. Sin embargo, jamás se arrepintió de haberlo hecho.

 Falleció el 14 de enero de 2017, en el Hospital Médico de la Universidad de Beijing. Su mujer, Zhang Yunhe, que fue una eminente erudita de kunqu, una de las formas más antiguas de la ópera china, murió en 2002. Estuvieron casados 69 años y tuvieron dos hijos: la pequeña murió a los 6 años por apendicitis y el mayor a los 80, en el año 2015, por lo que hasta el humilde Zhou sobrevivió a su familia.

Webgrafia: https://elpais.com/cultura/2018/01/13/actualidad/1515798162_284750.html

 

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